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9 junio 2011 4 09 /06 /junio /2011 11:21

 

Madrid, España.- ¿Qué niño, o sin serlo tanto, no soñó alguna vez con recorrer la fábrica de chocolate de Willy Wonka? Aunque el cine no se pueda oler ni degustar, hay películas que activan todos los sentidos y hacen que el espectador se relama los labios. Y probablemente haya muy pocos capaces de resistirse a un paseo entre ríos de leche y cacao, acompañados de un excéntrico Johnny Depp y sus graciosos Oompa Loompas.

 

Tim Burton encontró en el cuento de Roal Dahl "Charlie y la fábrica de chocolate" el relato perfecto para dar rienda suelta a su fantasía y recrear un mundo tan imposible como exuberante y dulce. Junto a él, un estrambótico y genial Depp, con quien ya había demostrado su química en "Eduardo Manostijeras" o "Ed Wood", convierte esta cinta en una pequeña "delicatessen" para paladares exquisitos.

Sin embargo, Burton no fue el primero en llevar a la gran pantalla esta historia de un niño tan pobre como bueno que un día es tocado por la fortuna. Más de 30 años antes, en 1971, lo había hecho Mel Stuart en el clásico "Willy Wonka y la fábrica de chocolate", también conocido como "Un mundo de fantasía". En este musical, con unos efectos especiales mucho más artesanos -y menos impactantes- que en la versión timburtoniana de 2005, Gene Wilder da vida al entrañable dueño de la casa Wonka.

 

Y es que la relación entre el cine y el chocolate viene de lejos. Quizá la película más antigua que hace honor a este dulce en su título es "El soldado de chocolate" (1941), un drama bélico basado en una opereta de Oscar Straus, que a su vez se inspiró en una pieza teatral de Bernard Shaw. Pero si la palabra chocolate remite a un filme, ese es sin duda "Chocolat", donde Juliette Binoche se mete en la piel de una repostera que acaba ganándose el aprecio de sus peculiares vecinos mientras estos caen en la golosa tentación.

 

El chocolate ha dejado también frases para el recuerdo, como aquella memorable escena en la que Forrest Gump, sentado en un banco, cuenta su increíble historia a quienes quieren escucharla y acaba diciendo: "Life is like a box of chocolates...", "la vida es como una caja de bombones, uno nunca sabe lo que le va a tocar". A Tom Hanks, aquella película le valió su segundo Oscar como actor protagonista en 1995, un año después de haber conseguido el primero por "Philadelphia".

 

Aunque para escenas bañadas de chocolate, cómo olvidar al pequeño y gordinflón Bruce en "Matilda" (Danny DeVito, 1996), atiborrándose de pastel hasta casi vomitar. Otras veces, el dulce ha sido la mejor arma para vencer a temibles enemigos, como el gigantón Sloth de "Los Goonies": una barrita de chocolate bastaba para convertir al monstruo en una tierna criatura en este clásico de los 80 que dirigió Richard Donner con guión y producción de Steven Spielberg.

 

Francia, cuna junto a Bélgica y Suiza de aclamados maestros "chocolatiers", aporta a este repaso por el cine más goloso la intrigante "Merci pour le chocolat" (2001). El cineasta Claude Chabrol saca a relucir de nuevo el lado más oscuro de la burguesía en este thriller sobre la directora general de una empresa de chocolate, a quien da vida una magnífica Isabelle Huppert.

 

Y también el cine en español ha aportado títulos emblemáticos. Probablemente, el más recordado sea "Como agua para chocolate" (1992), en la que el mexicano Alfonso Aráu adaptó la deliciosa fábula homónima del realismo mágico firmada por Laura Esquivel, entonces esposa del cineasta. Con la gastronomía como nexo de unión y metáfora de los sentimientos, el filme presenta a la protagonista en constante ebullición, como debe estar el agua para hacer un buen chocolate.

 

Más desapercibida pasó "Un poco de chocolate" (Aiztol Aramaio 2008), en la que Héctor Alterio, Daniel Brühl, Julieta Serrano y Bárbara Goenaga componen un retrato de los puntos de unión entre dos generaciones que la crítica tildó de demasiado edulcorado. Todo lo contrario que en la aclamada "Fresa y chocolate", de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío. Un comunista convencido y un artista homosexual ahogado en la homofobia del régimen cubano traban una profunda amistad en esta cinta que estuvo nominada al Oscar como mejor película de habla no inglesa.

 

Aunque para combinaciones curiosas con el dulce de cacao, se lleva la palma "Atún y chocolate" (2004), ópera prima del actor y humorista español Pablo Carbonell enmarcada en la crisis pesquera en Cádiz. Y en cuanto a macabras, la terrorífica "Blood and Chocolate" (Katja von Garnier, 2007), donde una joven pasa sus días trabajando en la fábrica de chocolate familiar para luego, por la noche, convertirse en mujer lobo y merodear por los bosques de Bucarest.

 

Sin embargo, por muy goloso que uno sea hay quienes piensan que siempre hay algo "Mejor que el chocolate", como la historia de amor entre dos lesbianas que firmó la canadiense Anne Wheeler (1999), todo un clásico del cine de temática homosexual. Y es que el rey del dulce puede aportar aliciente a un filme, pero hay riesgo de que empalague. Ya lo decía el genial Billy Wilder: "los cineastas no son alquimistas" y, si no hay una buena historia detrás, "no se puede convertir excrementos de gallina en chocolate".

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Published by jaime ariansen - en 01 HISTORIA - CINE
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